domingo, 24 de febrero de 2008

SOLEDADES: SUEÑOS SIN TOCAR LA PUERTA.





En la vera del camino se oirán tus pasos.



Musa de cantar sobre corrientes de aires fríos, en noches atiborradas de luces sombrías, girando entre las sombras se vislumbraba una silueta cansina que solo existía en sus secretos, por que cual alma en pena que viene y se va, sin tocar la puerta,se acercaba hasta que la cordura le dijera basta. Guardandose sus frases estudiadas solo para el epitafio de su soledad, por que siempre quiso más en sus monólogos que en su realidad. No es que no la quisieran. No es que nunca la amaran. Tal vez solo por no tocar por entre la estesara del boulevard, la puerta y sonreir ante los ojos que la miraban.



Estrofas nacidas para el placer de su voz, que en los barruntos de medianoche con su recuerdo, sus notas destruian el silencio por que mientras más se intensificaba la noche más crecía la espera contra toda esperanza de que lo volviera a ver o tener aunque sea un minuto más de su vida. Y en esa locura que raya su desesperación teñida de rojo púrpura se golpeaba con el sueño. Y entregada al sueño en el fondo de su mar oscuro, se encontraba con su razón que la convencía del imposible.


¿Entre el cielo y el mar qué hay si no hay amor?; sino un desierto de mar y agua que devora la soledad.


Es que en su vorágine del amor, envuelta en las mantas de sus sueños y pesadillas se acostaba renunciado al día para ir a lo más real, su conciencia; y despertaba en el día a sus sueños donde volvía a esperar, en sus sueños. Que era como escapar de la misma vida estando en ella, cubriendo sus realidades con sueños y fantasías; por que el imposible solo nacía al dormir, del que despertaba con dulces pesadillas; las que para enfrentarlas sedaba a sus sueños, y a la vez que la hacian sufrir la hacían feliz.


Y en su soledad sempiterna enterraba todos sus deseos y todos sus fracasos y en el anónimo confesaba su verdad. Y cuando no podía más en la espesura de la noche, a pesar de los sedantes, se orlaba de todo encanto y salia a buscar a su amado, porque no queria dormir si no lo necesario; y es que no quería encontrarse con aquella fría realidad de sus días que le daba sus noches, era imposible.


Entonces asumía la tenue locura en su semblante iba hasta su puerta, acariciaba la ventana, respiraba de sus aires, de su fragancia, le decia sus frases cual monólogo sobre las paredes, y doliéndole sus penas le contaba con entre lágrimas cuánto lo amaba. Y sosteniendo su blanca y delicada mejilla en la dura y fría pared, le decia de su imposible y pedia al imposible trocara en posible. Así habían pasado más de una velada.


El tenía firme el maletín en la mano-aquella noche mientras volvía de los cursos de capacitación- y sorprendido vislumbró la silueta de lejos, y al acercase descubría que era ella.


-¡qué haces!. es muy tarde, son casi la una- le dijo acercandose, y tratando que su voz cómplice no se escuchara. La miraba fijamente, preocupado y sorprendido. Y ella entregada al llanto se desvaneció entre sus brazos.
Y aunque en su debilidad aun más jóvenes la había amado cuántas veces ella quiso y se lo pidió; su cuerpo tenue y casi yerto de toda razón le decía que no. No, no estaba bien. No era posible.


La embarcó en el taxi. Ella se sentía abandonada; mientras más fuerte y firme era su negativa ella más lo amaba, sólo en sus brazos se sentía segura.


Y ella insistiendo se fue arrancada del olvido. No es que no la amaran, ni nunca la habian amado, es que no la amaron como ella quiso, ni los que ella quiso de verdad la amaron.


Amó para olvidar y termino envuelta en su mismo olvido.


Frente al ocaso infeliz de su desesperanza, quieta cansada de llorar frente a la penunbra escribió sus pasos. Tenia adormecida el alma y se sintió cerca de la muerte en medio de tanta vida. Hasta que escuchó de sus propios labios el imposible, no empezó si no a vivir desde aquél instante.


Le confesó que durante años pasaba esas huidas tres o cuatro en cinco años, desde que se le ocurrió ir y acariciar su puerta, él nunca lo supo. Ahora él lo sabía y era suficiente razón para no volver, entregando desde ese momento su cuerpo y alma a otras esclavitudes.


domingo, 17 de febrero de 2008

BUSQUEDA : POESIA SACRA


Caminos sobre las sombras

oscuras del kronos

huyendo de la luz cual noche

sempiterna que morir no quiere.


Quiero de tu tiempo sin doblez
sin cuento...llevo en mi semblante
el fruncimiento de tu busqueda
sin nada esperar y todo esperando.

Y entre el cansino camino
del tiempo que se acaba
Oh si deseo el término del tiempo
para encontrarte en el Uno
que hasta el sueño
oh, si me prohibe.


Y en tu faz del infinito
verte en mi,
por que al infinito se abre
mi palabra...
si recuerdo de mi imagen
tu imagen
no tengo otra que encontrar la calma
sobre la prometida herencia
si venciendo luchas

Diera el alma mía
limitada vida, donde no concibo
un dias solo
que sin Tí no pase

Cristalina agua que sellarme quiere
despierta sobre mi carne que
por sí se hiere
y es mi corazon la espada que
me quita aliento, me da cansancio
pero no la vida
aquella vida que no me pertence
de la que huyo
pero a la que me aferro
y la qu eme reclama vivo.

jueves, 14 de febrero de 2008

RIMAS EN EL EPITAFIO DEL OLVIDO


AZUCENA MARCHITA

Aquella magnolia desojada,
me dijo que la deidad
por mi sufrido corazón amada,
está sin mí en eterna soledad.

¡cuán pétalos de roja rosa
quedaron marcando mi camino,
diciendome que tu boca roja
quiere de mis besos y mi destino!

¿Dónde lloró la Magdalena
con tanto cruel dolor?
para que allá llore su condena
el clavel que sufre por amor.

¿Quién lloró llanto más triste
para ir a consolar?
por que, lágrimas que hicíste
por mis mejillas si rodar
comparacion no tienen cuando te fusite
y la más cruel desolación amar

Si la Magnolia no se equivoca
que llore la Azucena, marchita sin mí...
mi sufrir en ella se revoca
y sufra, por que el clavel ya lloró y yo, ya sufrí...

Esrito 28-08-86

sábado, 9 de febrero de 2008

CACTUS

Penumbras.
y una tenue haz de luz,
una lucecita que se cuela
entre las hendiduras
para llegar
a tu corazon, al
infinito de tu alma.


Soledades.
y como gotas de agua del parnaso
golpean la dureza de
tus esperanzas
sin rendirlas ni cansarlas
jamas.


Pero cual roca inerme
inerte, en medio de la vida
no se mueve de su amor jamás
aunque sea abrazado
del desierto
rechazado de sus brazos
olvidado del manantial
de sus labios
se consolará
en las frias faldas de la noche
y de la humedad del viento
calmará su sed.

compartiré con el Cactus
mi corazón

¿Y quien pudo
olvidarte tanto
que toda una vida en amando
no vale la pena solo estarse
esperando
y digase al unísono
necesario cambiar de canto

¡ Silencio
que defiendo mis soledades
que mis penumbras son mis encantos
mis silencios y mis esperanzas
el desafío abierto del imposible
que me hace ser yo...
Seguire...esperando!







martes, 5 de febrero de 2008

ESPACIO AZUL DEL INFINITO


(EXISTENCIALISMO)


Insaciable buscaba los cambios.

Quería forzar aquellos cambios en la ciudad en la que había vivido toda su vida. Pero esa oportunidad le era esquiva.
Entiende que nadie es profeta en su propia tierra le decían. Pero tozudo estaba dispuesto a morir en el intento.


Su fe profunda y ciega le decía al oído desde su mocedad que es Dios quien nos hace instrumentos en sus manos y que al final no son los intereses personales los que deberían afianzar sus objetivos sino lo que Dios quiera.
Recordaba que muy joven aún en el San Francisco de Paula mientras buscaba su verdad, resonaban las palabras de aquel Obispo y descubría ante sus ojos aquélla pregunta que nunca se la había planteado y que a partir de allí se la repetía sin cansancio: ¿qué quieres que yo haga?.


Así se lo contó a Martin-años más tarde-, en sus largas pláticas durante horas. Largas horas pernoctadas entre el calor y el frio.
“Pero el mundo no es un seminario ni tampoco la sociedad un convento amigo”, solía reclamarle el buen Martin, mientras alargaban el paso para entrar a las aulas de la Universidad.
Es en ese recinto donde se dieron las primeras batallas del pensamiento, pero nunca suficientes argumentos para hacerlo declinar en sus convicciones. Pero sí grandes dudas. A veces sonreía largamente cuando pensaba que estaba hecho sobre todo para dudar. Dudas que las arrinconaba allí en el fondo de sus secretos donde no podían salir para los demás; sino solo para sí. Eran aquellas que convertía en sus pesadillas para luchar con ellas y que le permitía afianzarse aún más en aquello que había deslizado.


Allí también, en esos claustros sus primeros triunfos, concluyó que la duda solo era parte de la batalla. Y cuanto argumento se batía a duelo sobre la fragua de su reflexión, nunca se batían lo suficiente con aquello que se había adoctrinado. Pero era en la experiencia donde llevaba sus primeras caídas, decepcionando a cuanto amigo tenía de cerca; aún así su espíritu no cedía se levantaba maltratado sobre su faz y terco insistía en su verdad.


Probablemente la tierra donde sembraron era fértil y la semilla crecía al margen de sus debilidades cual frejol en tierra firme pero bajo sombra queriendo alcanzar luz para sus hojas de verde pálido. Se sentía como una voz a la que nadie oía; tal vez, por que hablaba de pulcritud desde el mismo charco que compartía con sus iguales; por que no salía de entre sueños y pesadillas, entre realidades y desvaríos.


A veces la realidad y el pragmatismo querían ganar a su idealismo. Una vez más la realidad no podía pero nunca se cansaría. Jamás se cansaría de decir que no. No tiene corazón, viaja con el tiempo inexorable. Implacable. Solo es. Siempre le mostraba sus derrotas que entregaba en su regazo, entre sus manos, y pesaban tanto que las ponía a sus pies.


Las derrotas. Las tenía como ungüento para sus propias heridas, era necesario tomar de ellas para fortalecer su espíritu. En ese vaivén de maltrato que asumía con entereza…recordaba que nada le serviría de provecho para su propia fortaleza que las derrotas más que los triunfos. Le habían dicho que estaba preparado para triunfar al final de todo y era necesario que contase con esas derrotas. Pero asaltaban las dudas. Y en esa brisa cerraba los ojos y la disfrutaba, como sombras de densas nubes que solo muestran como seria el paisaje sin la fuerza y el calor de la luz. Pasadas las pesadas sombras solo recuperaba la hermosura del paisaje. Estaba hecho para creer. Pero mientras creía estas eran necesarias:¡ Dios ayuda mi incredulidad! exclamba - al fin y al cabo era un mortal mas que llevaba la herida con dignidad.


Ya vez?... Sonreía el buen Martín, que ya era Gerente en un Banco en la Capital. Todo está centrado a fuerza de pragmatismo, decía. Era un hedor de cálido materialismo envuelto en un atractivo buena gente que conquistaba corazones. Todo lo contrario;el suyo era un corazón de agridulce que a veces por sus convicciones daba sin contemplaciones verdades amargas. ¿Quién quería estar con él?.


Solo el buen Martin, que aunque no compartía en su semblante un solo fragmento de sus convicciones las explicaba pero desde otro fuero de la vida.
A veces la vida parecía un elefante blanco difícil de vencer, entonces asaltaba el cansancio, pero en su contemplación todo le decía que el triunfo ya estaba dado, él no necesitaba triunfar. Ya había vencido.


Siempre se sintió vencedor. Aunque le ponían derrotas en sus pies, nadie veía que su corazón le llevaba grandes triunfos a su alma. Lo que el mundo llama triunfo es solo carga para él.
Gabriel seguía en el intento.


No cedería un argumento solo de aquella doctrina implantada en su carne, aunque a veces le dolía la delgadez de sus argumentos. Le asaltaban dudas hasta el desasosiego y la duda le preguntaba: “¿Y si has concebido mal la Doctrina?, ¿y si no entendiste bien el sentido del lenguaje?, ¿y si eres solo tu en tu propia conciencia de fondo y no hay nadie mas?”


“Si te doy la razón no me das la paz, respondía. Pero si te la deniego la paz sigue conmigo y recupero la alegría y el optimismo”-luego sonreía al espacio azul que cubría la ciudad y seguía la avenida.
Pronto asintió que era necesario volver al pueblo, allí donde cultivaba mejor su fe. Aquella que en la ciudad no se hace sino desgarrarse de ella por que no les sirve para la despersonalización del tiempo en que deambulan. Todavía le siguen preguntando en la voces lejanas sobre sus logros por pensar así: le dan allí de donde parte todo su horizonte: ¿Y tu cuanto has cambiado?, y ¿tu qué has cambiado?.


No lo quiso afrontar.


Solo siguió el ritmo de lo que acostumbraba hacer. Es que solo no tenía respuesta. Tampoco la quería pensar. Tal vez por que sabia de una derrota más de esas que pesan sobre los pies.
Entonces se encontró llevando ladrillos que daba a otros sembrando bases del edificio; en la ardua labor que todos realizaban. Al final de la faena a la puesta de sol terminada esa parte de la obra le mostro con el índice. No era la construcción misma, pero como todos, parte importante y necesaria en la edificación, se construía a sí mismo.


Había cambiado mucho de la calle. También su corazón.


Asaltó el idealismo. ¿De nuevo tu?- le pregntó, mientras entraba sonriente y feliz por su terquedad.

lunes, 4 de febrero de 2008

EN EL SOLAZ DE TUS ENCANTOS


Desde el altar de tu veranda
yerguese la nívea azucena
al veranillo tardío
como en el solaz de tus encantos
reposa la mia alma cansada
de tu lejanía y del otoñal sombrío.

¡Cómo sofrenar mi compulsiva pasión
hermosura imantada que me desvanece
hasta ser nada y brotar en canción
cual juventud que halaga y embellece...!

Imposible dejarte serena audacia
el amor que me hace uno
concreto que invencible, nacer de nuevo
desde tus entrañas al infinito
disfrutar la vida despues de haber muerto.


Tenerte felicidad mía, escogida
por solar caballero de capa y espada
listo para la guerra, decidido a vencer
batalla incruenta y encrispada
no menos valiente si para ser ...el ser
existencia amada


tu vida y la mía entregadas, confluidas
y deseadas...sedientos arcanos infinitos
grandes y pequeños
dulces y amargos
amor y dolor


dulce, dulce sueño donde doblego
mi placer, el sentir por el deber

Y entonces la mujer dió
nuevamente vida
y el hombre, también...

sábado, 2 de febrero de 2008

BLANCO CORCEL


¡Oh hermoso Corcel
blanco de pelo en piel


líbrame de aqueste atraso...!


Clavad en el lejano horizonte


tu instantánea velocidad,


déjadme arriba en el monte


y vencer pueda yo mi soledad...


que allá, ella impaciente me espera


y si antes de las doce menos cuarto no estoy,


ella se irá en un carruaje de madera


y si tal; cuéntese que muerto soy...



¡No podéis reprocharme


Oh viento y cielo aliado,


también tú Oh madre Tierra,


no podéis olvidarme!




Sabéis vosotros cuánto yo he liado


para hasta ahora aquí, haber llegado


Camino fácil no he tenido,


batallas arduas y duras yo he librado


y aunque cantar victoria no he podido


es pues cuento con mi gran soldado


Blanco Corcel de reino conocido.




Nadie, ¡Oh aliados míos!


hasta la sima aquí ha llegado


jamás en tiempo alguno,



¡oh latidos sombríos!



y cuanto enemigo hubo alli


ninguno me detuvo


ahora necesito ser más ayudado...




Recoge tus caminos ¡Oh Madre Tierra!


cambia tu sentido ¡Oh Río Amigo!


dadme tu fuerza ¡Oh, viento aliado,


que sólo el Tiempo no está conmigo...!


Hoy... tengo un nuevo enemigo


es el tiempo que no se rinde


inexorable, sigue su marcha,


sin descanzo ni domingo


sordo, mudo y ciego,


no alegre menos triste...




Por eso apelo a vosotros


aliados en el mío destino


decidme que son débiles los otros


y yo encontraré corto mi camino...



¡Tú que tienes las distancias


vislumbrame un atajo;


tú que tienes en tus senos



todas las fragancias


alienta mi esperanza...







Mi corcel es buen soldado




y lleva una gran armadura


yo tengo mi fe





más grande de la que me habéis dado


tambien la desesperación y mi armagura...

Escrito en 1985.

martes, 29 de enero de 2008

CREPUCULOS DE LAS HORAS




María sonreía.Gabriel la espera.


Suavemente se deslizaba su sonrisa sobre la brisa del mar. Atardecía. Sus níveos trajes danzaban al ritmo del fuerte viento y todo parecía creado solo para amar. El claroscuro violáceo del ocaso allá en el crepúsculo de las horas no necesitaba si no su canto, si no su voz que cual sirena salida del mar susurraba sobre mi pecho.


Ni las piruetas de las cien golondras allí habidas me robaban la mirada eterna sobre su rostro. Ella impávida y extasiada abrazada a mi estaba cubierta de las mil caricias que le prodigaban mis miradas, el barullo de mi voz…Oh eternidad, que si el paraíso existió, solo se necesita dos corazones henchidos de amor para construir aquello que solo el excelso eros sabe de ternura y pasión.Mientras callaban sus entornados labios eros hacia sonetos de silencio para los dos.Y no había más silencio en el que se dijo tanto de aquél amor.


En aquella vespertina leí sus ojos, sobre la sempiterna arena nunca cansada de ver el amor surgir de sus entrañas…como su alma y la mía arrobadas en un punto de la tierra, del universo donde el tiempo por unas horas nunca existió…Eolo paso sin prisa, no era posible el sueño allí. Sus manos fuertes asidas a mi era el grito incesante por querer vivir; y yo aferrado a ella con un temblor de niño y avidez de hombre quería ese momento cual si nunca imaginado ni el deseo esperado, solo para mi. Trémulo de felicidad y de frio, desafiando el claroscuro del crepúsculo le dije después de un largo silencio…te amo. Se estremeció más fuertemente a mí, y deslizando sus lagrimas cristalinas, bifurcándose sobre su rostro, balbuceo de entre su más profundo suspiro diciéndome “y yo a ti”. Su fragilidad me robustecía, su delicadeza me ennoblecía, su pureza de mujer me enmudecía, no necesitaba nada más que…mirando aquellas travesuras lejanas de acuarelas que cambiaban de tonalidades:..El cielo, y allá íbamos.


El sufrimiento. Sufríamos la pureza del amor, que habían tocado el más puro interior de nuestros cuerpos y nuestras almas…sufríamos el bien amar…pronto el encanto de la luz que se fue con el sol y la espesura de la noche borraba las acuarelas de la tarde.Había que partir.Había que dejar el inmenso mar, la virgen playa. Había que dejar la inocencia y la ternura que la soledad en la naturaleza sabe dar. Había que dejar los sonetos del silencio.Había que correr sobre la amalgama de las pistas y veredas y no sobre el pedregal y el arenal. Había que dejar el paraíso y entremezclarse en los duros y fríos edificios de la ciudad. EL suburbio del anonimato…solo su corazón, sus ojos y su frágil cuerpo me decía que existía… y entonces en su rostro y en el mío se dibujó el adiós.


El adiós más largo que nos dimos, aquellos que demoraban lo que el encuentro mismo. Allí dejamos escritos en nuestra piel toda una historia de aquellos dieciséis abriles y que cual jade guardamos en el recóndito de nuestros días. Arcano que con el tiempo aumenta su valía.Nos encontraríamos de nuevo y muchas veces mas, pero no encontré este retablo de amor de aquel día.Las he buscado a orillas del mar…jamás el jade brillo dos veces de manera igual.La piel endurecida ya no es la misma de aquella en esa tarde, ni tampoco la blancura de las miradas, pero esta en su piel y en la mía, en su recuerdo y en el mío, toda la ternura que descubrimos esa tarde y que solo el silencio lo sabe…En los crepúsculos de las horas, recitare los versos añejados de pasión. María sonríe. Nuevamente a la espera.Otro verano, Otro crepúsculo, pero…nunca como el que se escribió en sus fauses.

ENCUENTROS


Viajeros en el recuerdo
Se sentó frente a la hoguera.Estaba perplejo, la cabaña no había cambiado nada। El mismo calor, el mismo aire de antaño persistía…ante la oscuridad cerrada, el mismo temor de niños. Y aquel tiempo que se había ido entre calles y asfalto de la Ciudad, recobraba sus fuerzas golpeando entre recuerdos y trastos viejos, el mismo sentimiento de ayer, las mismas sensaciones.
Sonreía sobre su regazo। Añoraba aquél momento pero por nada regresaría. Era feliz en el encuentro, pero por nada se quedaría. Los pies de niño ensalzado en el fango salitroso y la humedad del agua dulce, era el mismo que paseaba por la tierra firme después de dos décadas.
No llegaba el sueño, Eolo miraba desconcertado। Era el momento de la reflexión de darse cuenta qué había pasado. Se necesitaba de quietud y de calma, que solo las noches oscuras en la cabaña pueden dar. EL tiempo pasa inexorable y no se compadece de nada ni de nadie. Acaba con los recuerdos, cede un día al otro, te hace creer que no eres el mismo, de pronto; al retornar en una navidad, recostado en el regazo de mi recuerdo, entre oscuridades quise tenerte mas que nunca como mi compañía.
No cambiamos nada…solo el escenario, y reemplazamos actores pero siempre es la misma función. No estoy asido a la mano de mi madre pero si a la tuya. Ni vivo feliz rodeado de la complicidad de mi padre pero si del tuyo. Viajeros en el mismo tiempo, compañeros en el mismo espacio, me dice el corazón que desde esos momentos te deseaba, desde ahí te extrañaba, desde esos años los buscaba; como hoy extraño y busco a los míos y el amor de los primeros añosCamina el niño herido por una mirada, queriendo sentirse amado.Sí। Falto un abrazo, y muchos besos. No obstante sabe que fue querido, pero esos que faltaron de verdad que hicieron falta. Hay vacíos que ni el universo entero puede llenar, pero que son parte de los necesarios vacíos del universo que eres tu.
Entonces llega de su mano el chocolate caliente con el mismo amor de siempre…se guardan todos los juguetes, recoges todos los recuerdos y los pones mas hondo que los años sobre años van dejando, y empiezas de nuevo a ser tu। Y mirando a tu alrededor sabes que todo forma parte de tu historia. Se necesita oscuridad para ver que en los ojos de los otros también hay vacios que se comparten, que los hacen ser ellos; y en esa bendita soledad sabes que nuestras almas tienen un lenguaje aparte que dicen las miradas, tu presencia mía, tu ausencia y tu cercanía.
La fogata se va apagando. La hoguera va cediendo al aurora amanecida. La luz del día y sus faenas deja atrás el encuentro con la infancia.

DESNUDA POESIA


La había amado entre los matorrales del grueso valle, mientras la fuente de agua rompía sus angares, entre penumbras y luces de luciérnagas cual incertidumbres, miedos y fantasías…la había amado. Era el niño que caminaba por entre las encrucijadas entre montes y pastizales haciéndose hombre a cada trecho.
Entre el bohemio hedor dela ciudad, viejos edificios mundo vacío y tan lleno de vida; en el suburbio sinuoso donde todos naufragan en el fragor del anonimato, dentro de su lecho y en la calle, donde todos se resisten a ser nadie…la había amado.
El tranvía, el bus, el taxi; dejaban vientos fríos y húmedos de la llovizna de un invierno sobre su rostro, cielo magnánimamente esculpido de grandes y voluptuosas nubes. Su alma golpeada de adioses, desde su infancia; le dice adiós a todo.
Se había ido.

Y no había lugar más distante en el mundo por que la distancia se había perdido. Era el momento de despedirse; pero lo había amado y estaba allí, en su mudo secreto escondrijo de sus recuerdos de donde no se sale si no en sueños o en pesadillas. Es que no se huye ahora por que se está lejos.

Sabía que los sueños tienen algo de real, son imágenes que vienen de adentro, le había dicho en el zorzal, allá en la espesura del verde valle. Le había dicho que los sueños vienen vestidos de símbolos que han guardado los días mesclados de deseos satisfechos o de no cumplidos.
Tal vez tenía razón. Siempre supo que era irreal. Pero en sus ojos temblaba su cuerpo hasta el desvarío, y desde esa agonía volvía a la vida…lo ocultaba todo. Quería amar. ¿Por qué el silencio? Mudo secreto de aparente calma, mientras el corazón aprisiona pasiones… se sentó frente al parque zonal en la escarpada banca de madera y en su mundo vacio y desvarío le dijo, pero no lo entendió:
“Déjala ir amor mío
Déjala ir…
Que soy yo como ella
En la prisión de tu amor
Más ella ama la libertad
Y yo el encierro de tu corazón”


No había pasado tres días desde aquél encuentro. Ya nada era igual.
Escribía sobre un tropel de yardas de papel, escribía, llamaba y soñaba. Nada, más lo había hecho sentirse mas terráqueo que aquella necesidad mas animal, mas instintiva y tan natural, allí donde no caben mayor razón que los instintitos, que llamarla desde la sangre. Callaban sus epitafios de amor diciendo:

“Déjame llorar a solas
Oh ardiente y furioso huracán
No inquietes más las olas
Por que si se levantan
Todo, todo se llevaran”.


Y nacido del instinto florecía a su razón y entre una idea y otra vestía su desnudez con versos poemas y estrofas. Cubría su nívea desnudez con su cuerpo. Cubría su dolor con su tierna sonrisa. Pero sus ojos lo traicionaban. Solo sus ojos eran sinceros. La había amado, y la amaba, y se los decía. Decía lo que sus labios callaban. Y ella lo sabía.
Hoy como ayer no vendrá.
Pero la esperaba.
Ella al volver iba por el mismo sendero asegurándose que lo viera.
Es que su corazón iban a decir que no cuando se lo dijera. Lo sabía. En el silencio era de ella, como ella era suya en su soledad. Ni Venus ni eros podrían haber tejido su irrefrenable amor, pero el corazón tiene matices que solo las acuarelas entienden
Se había acostumbrado a decir adiós, o temía que se despidiera un día. Tal vez por que ella no quería renunciar a viajar, siempre quiso salir de aquella ciudad. El estaba hecho de cansino pueblerino que no esculpía sus deseos más que en la sencillez de su hombría. Pero ambos sabían que eran parte de su historia, mandaban sobre sus cuerpos. No se habían despedido. Nunca lo harán. Por que cada que se entregan al sueño, enredados de pasión…salen de la oscuridad de sus recuerdos a vivir lo que se prohibieron un día. Por que lo irreal no existe más que en la fantasía. Y es la fantasía la madre de sus obras…
Ella se levantó leyendo el poema que había vivido toda su vida. Tomo el primer bus cerca a la avenida…eran horas de viaje y surcaban gruesas lágrimas por sus mejillas, recostada en el ventanal, ¿por qué el silencio?. Los retos impuestos en su vida habían cerrado un libro que seguía escribiéndose.
En su mundo vasto surgían en sus ojos ciertas arrugas que no había dejado en su piel lozana pero seguía impávida su atracción por él. No estaban solos.
Pero la soledad vino con ellos por que sus corazones agitados en sus latidos la clamaban. Encontraron que la locura es la ausencia del ser. En un punto de la ciudad alejada de su pueblo, ella levantó las yardas de hojas de papel que él había escrito y lo encontró la desnudo. Había dedicado su vida a perseguir sus sueños. Y lo habían logrado; pero no la pasión con que se amaron esa noche.
No se tenían. Pero se amaban. Y del silencio pasaron al secreto. Ya no era solo sus labios. También su mirada sonreía. No podían cambiar nada. Habían pasado quince años…como no se buscaron para el encuentro tampoco se despidieron. Pero se fueron felices.
Había acabado con la incertidumbre de su no. Había cumplido sus sueños y era de el.
Se pertenecían aun cuando eran de mundos diferentes. Se debían esa felicidad que viejos años de soledad y deseo acuñaron con el tiempo y que no dejaban espacio para el arrepentimiento por que supieron de renuncias. Volvió al pueblo de siempre, regreso a la ciudad. Cambiaron los poemas y en su ventanal una orla colgaba en su dormitorio, era la nueva poesía que descubría sus cuerpos.

MARIAJOSE DE FATIMA