En la vera del camino se oirán tus pasos.
Musa de cantar sobre corrientes de aires fríos, en noches atiborradas de luces sombrías, girando entre las sombras se vislumbraba una silueta cansina que solo existía en sus secretos, por que cual alma en pena que viene y se va, sin tocar la puerta,se acercaba hasta que la cordura le dijera basta. Guardandose sus frases estudiadas solo para el epitafio de su soledad, por que siempre quiso más en sus monólogos que en su realidad. No es que no la quisieran. No es que nunca la amaran. Tal vez solo por no tocar por entre la estesara del boulevard, la puerta y sonreir ante los ojos que la miraban.
Estrofas nacidas para el placer de su voz, que en los barruntos de medianoche con su recuerdo, sus notas destruian el silencio por que mientras más se intensificaba la noche más crecía la espera contra toda esperanza de que lo volviera a ver o tener aunque sea un minuto más de su vida. Y en esa locura que raya su desesperación teñida de rojo púrpura se golpeaba con el sueño. Y entregada al sueño en el fondo de su mar oscuro, se encontraba con su razón que la convencía del imposible.

¿Entre el cielo y el mar qué hay si no hay amor?; sino un desierto de mar y agua que devora la soledad.
Es que en su vorágine del amor, envuelta en las mantas de sus sueños y pesadillas se acostaba renunciado al día para ir a lo más real, su conciencia; y despertaba en el día a sus sueños donde volvía a esperar, en sus sueños. Que era como escapar de la misma vida estando en ella, cubriendo sus realidades con sueños y fantasías; por que el imposible solo nacía al dormir, del que despertaba con dulces pesadillas; las que para enfrentarlas sedaba a sus sueños, y a la vez que la hacian sufrir la hacían feliz.
Y en su soledad sempiterna enterraba todos sus deseos y todos sus fracasos y en el anónimo confesaba su verdad. Y cuando no podía más en la espesura de la noche, a pesar de los sedantes, se orlaba de todo encanto y salia a buscar a su amado, porque no queria dormir si no lo necesario; y es que no quería encontrarse con aquella fría realidad de sus días que le daba sus noches, era imposible.
Entonces asumía la tenue locura en su semblante iba hasta su puerta, acariciaba la ventana, respiraba de sus aires, de su fragancia, le decia sus frases cual monólogo sobre las paredes, y doliéndole sus penas le contaba con entre lágrimas cuánto lo amaba. Y sosteniendo su blanca y delicada mejilla en la dura y fría pared, le decia de su imposible y pedia al imposible trocara en posible. Así habían pasado más de una velada.
El tenía firme el maletín en la mano-aquella noche mientras volvía de los cursos de capacitación- y sorprendido vislumbró la silueta de lejos, y al acercase descubría que era ella.
-¡qué haces!. es muy tarde, son casi la una- le dijo acercandose, y tratando que su voz cómplice no se escuchara. La miraba fijamente, preocupado y sorprendido. Y ella entregada al llanto se desvaneció entre sus brazos.
Y aunque en su debilidad aun más jóvenes la había amado cuántas veces ella quiso y se lo pidió; su cuerpo tenue y casi yerto de toda razón le decía que no. No, no estaba bien. No era posible.
La embarcó en el taxi. Ella se sentía abandonada; mientras más fuerte y firme era su negativa ella más lo amaba, sólo en sus brazos se sentía segura.
Y ella insistiendo se fue arrancada del olvido. No es que no la amaran, ni nunca la habian amado, es que no la amaron como ella quiso, ni los que ella quiso de verdad la amaron.
Amó para olvidar y termino envuelta en su mismo olvido.


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