Sobre el lugubre semblante de la nochese han escrito versos y estrofas,
por que aunque la calle entre arenales
desértica, y fría ventisca de verano,
tiene el calor latente, la pasión lacerante
de tu tenue presencia deslizandose...
Y aunque no otra sino el claro de luna
luchaba con las sombras nocturnas,
su vestido blanco desaherrojaba mis impulsos;
dime de luciernagas de media noche cavilando
entres sus chirridos el canto de amanecida,
su cuerpo arrojaba las mas expectantes siluetas
sobre el arenal que sabe de la dureza y la terquedad,
abrazada a mi cuello se desvanecía entre suspiros.
Y entre tus pasos y los mios
tejiendo sobre el arenal
mis huellas con las tuyas,
yacen selladas tu existencia y la mía.
En el pedregal cerca de la hacienda
se oyen voces, pentagramas de fiesta
no iremos.
Absorto del encuentro que era nuestro encuentro
que habían ansiado tus pasos y los mios
resolvieron la ventisca fuerte de arena
guardarnos el secreto que compartimos
un idilio prohibido cerca del ventanal sombrío.


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