
El camino se hacía largo, mientras más corría, más pesaba los días, la carga se hacía pesada, sobre el diostedé sobre el zorzal, sobre todas sus alegrías. Me comentaba García, que sobre el vaivén de sus olas, nada decía. Enmudecía ante ese panorama triste y bello de hacerse a la mar. El riesgo de no regresar era probable, pero ese día se hacía aún más presente llegando a la angustia, al miedo daba ganas de renunciar.
Pero regresar así, en medio de cobardías. Dejaba partir las cobardías y una vez con la cruz en la frente, sobre la lancha de siempre, subido sobre el madero y rozando el agua fría el adiós se hacía costumbre, era tambien su esperanza regresando el coraje y la valentia en sólo segundos. ¡Dios querrá!.
Azulados los entornos en el cielo de azul pálido, la neblina echando sombras, las manos temblorosas de María sacudían sus pesares, aunque tenía puesta la sonrisa, una lágrima corría en su interior. El amor por él se hacíaevidente cuando lo veía en sacrificio por los suyos.
No se podía decir que no. Tenía tres Garcías a los que llevar una migaja de pan. Estaba hecho para el mar, y lo conoció en aquellas aventuras además...pero hoy; nunca pesaron como hoy las ganas del corazón...el derrotero del alma, el hedor del fracaso rondando las esquinas, el miedo a perder, ese mismo álito del que parecía estar injertado en su nación.
No había que regresar, había que decirle que no, por qué no gritar, por qué no llamar. Pero, para cuando quería llamarlo ya era demasiado tarde..García ya no la escuchaba.
Sus llamados parecían adioses.
Por que pesaba el madero, por que parecía tan largo el camino.
Así se quedo en su mente: un regreso eterno.
Como el de ella un espera impaciente, impávida y eterna.
Los García igual crecieron, sólo tenían en su madre una herida a tajo abierto. Su espera. Ellos venían de recuerdos muertos, aquéllos desde donde la resignación le dice que perdieron.
Ella se resistía a creerlo, aunque decía que si, un silencio vago tocaba sus esperanzas, y le decía que no, que no todo estaba perdido y era esa esperaba la que la mantenía erguida.


1 comentario:
Hola Robert,
que relato tan hermoso, hilvanado con la fé de la esperanza, que no por pintarse de tristeza a veces, deja de ser esperanza.
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