
Quebranto.
Un riachuelo surcando lares,
frondoso manantial
agua del pedregal
luces coloridas en los manglares.
No quiero de tus ojos otro desaire,
temor del cauce tiemblan las orillas,
guarecen las delicadas avecillas
y con una aleteada se abrigan con donaire
Rocíos de la aurora a los primeros rayos
flamboyones ígneos acariciando el cielo,
cual volcan sediento aherrojando miedos,
expulsa pasiones doloridas alzando vuelo.
Curvando las yemas, el sinuoso de tus formas,
un álito de prohibido sueño se alza entrelazado;
no hay parte sino el todo del ser entegado,
un sí repetido al unísono de mi deseo.
Nada más querido ni menos amado.
Tierra firme donde me sostengo,
tu ser erguido sobre todo lo que veo.
Y entre los salitrosos humedales,
chozas de malojas de los platanares
una gruesa penumbra cubriendo los manglares
se cruzan las sombras con tus cantares.
Se queda la letra, verso suicida
tal vez es el sueño que descubre,
nada del todo, y todo de la vida.
La tierra está sola en el ayer
y en el mañana, sólo tiene
como yo, el grito de hoy...


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