viernes, 17 de abril de 2009

ENTRA A VERME

ENTRA A VERME
Le dice entra a verme, fatigada le extiende la mano: ven conmigo dejame verte, y en un frenesí insospechado se acerca entre susurros y declives su entrega toda sobre el amplio pecho descubierto, y recostandose entre la puerta y la pared forza su ingreso y le dice queda, entra a verme.



Con las piernas firmes sobre el piso de jade, le ha dicho que no y sin sustraer sus labios una fuerza sostiene sus hombros, frenando su total entrega...luce el respeto por el imposible. Ante su renuncia ella cae doblegada por el hedor varonil impuesto, ha escuchado a su corazón que le dice que si, y ha visto de sus labios brotar el no; y esa hombría de bien le ha parecido aún más seductora y placentera desbordando su deseo en piel obsesión.



Compasivo se acerca a su semblante y la levanta, hasta el púlpito de su heredad, "avecilla herida que soberbia cantabas a la vida que no te importaría ese fue tu peor mal".



La levantó entre sus brazos la recosto en sus entrañas, y libando el más secreto de sus perfumes la dejó apasionada sellada de él y para siempre...se iba seguro sintiéndose el animal más macho, terráqueo hasta el tuétano en su experiencia, sin saber que llevaba en sus piernas el grillete de la cadena de la esclavitud. Para siempre volvería.



Hambientos sus ojos del tiempo y la distancia adevisaba su mirada por la calle de la alameda de los ficus hasta donde la silueta cansina aparecia para la entrega.

Su tardanza, que ironía la hacía aún más felíz, y aquéllas ausencias doblegadas por el cansancio de la espera era el más intenso flirt, cuántos te quieros e incendiados te deseos entre sus insatisfechos y a la vez satifacidos labios emitía al fin.

Su amor y querer hasta la muerte le devolvía a la vida y súbita poesía expresaba los límites de los sentimientos hasta el ardor en la piel, que le quemaba tenuemente insoportable hasta en la cara...

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MARIAJOSE DE FATIMA