« El fracaso y la gloria de Confucio
Hace unos días me puse a arreglar la biblioteca (Función social de la biblioteca pública).
Desempolvaba libro tras libro mientras rumiaba “reflexiones” como: “La cultura y la salud no están siempre de acuerdo”, debido al polvo que había levantado yo en el cuarto (Humanismo y cultura y Psicología de la salud), lo que me condujo hacia el recuerdo del soneto de Quevedo (Figuras retóricas) que termina diciendo: “polvo serán, mas polvo enamorado”; y de allí, con unas pocas “ideas” más, mi mente concurrió a preguntarse si, en la época de Quevedo y aparte de las muy famosas Teresa y Sor Juana (Acercamiento a la obra literaria de Sor Juana Inés de la Cruz), o antes aún, no habría habido escritoras y poetas en lengua española.
Casi de inmediato, un segmento de libros que todavía no había limpiado se desmoronó.
Uno de ellos fue a dar más lejos que los otros, y corrí a recogerlo, porque me parecía desconocido, como que nunca antes lo hubiera tenido en las manos.
Era verdad, no lo conocía.
Se llamaba Las escritoras españolas, de Margarita Nelken, un ejemplar de 1930 de la extinta Editorial Labor de Barcelona, (Redes de mujeres: Un desafío para las tecnologías de la información y la comunicación).
Cayó abierto en la siguiente frase: “Abundan las citas que prueban el desprestigio en que sus contemporáneos tenían a las juglaresas o juglaras” (Época Medieval).
Me estremecí; alguien, algo, me estaba dando una respuesta; ponía frente a mí la fuente donde podría apagar mi sed.
Alguien, algo, ¿un fantasma? (El Fantasma Victoriano).
Habla el fantasma
Luego de advertir que no recogerá en su ensayo a “las escritoras que sólo empuñaron la pluma para disculparse de los cargos de herejía, o para rechazar el peligroso calificativo de ‘alumbradas’” (Santa Inquisición), el primer capítulo del libro de Nelsen se titula “Mientras se forma el idioma”, y asegura que las mujeres de ese momento -varias y muy creativas y cultas- escribían, por supuesto, todavía en latín.
Explica que es a partir del siglo VIII cuando la Córdoba española se convierte en la Atenas de esos tiempos, donde conviven tres civilizaciones en paz, con señalada intensidad, con sus mujeres talentosas: la árabe, la judía, la cristiana… esa Córdoba de la que la monja Roswitha, enclaustrada muy lejos, cerca del Rhin, escribe: “es la gala del mundo” (La conquista de Córdoba y de su reino).
Y que yéndonos al siglo XIII, ya podemos hablar de escritoras de códices y de juglaresas:“Conviene no confundir a las grandes damas que gustaban de presidir cortes de amor y actuar en éstas o alentar con su afición a los trovadores con las juglaresas y soldaderas que trabajaban -cual su nombre lo indica- por una soldada. Entre unas y otras existía la misma diferencia social que entre trovadores o juglares nobles y profesionales: los primeros no admitían retribución; los segundos se ganaban la vida cantando y recitando (…) Entre las mujeres que pueden ser incluidas en el grupo de trovadores las dos que más se destacaron fueron Bertanda de Forcadels y Guillermina de Sales, y vivieron, la primera, en tiempos del rey don Martín de Aragón, en Tortosa, en donde formó con sus damas un verdadero Parnaso, y la segunda, esposa de Hugo Mataplana, el Conde Trovador, a principios del siglo XIII, en el Castillo de Mataplana, convertido por ella en importantísimo centro literario”.
¡Maravilla de maravillas!; María Celeste, “La López”, Gloria, Socorro, Blanca Estela, Ylba María, y varias más, no son las primeras trovadoras; no son las primeras juglaresas, ni las últimas, con toda seguridad, aunque sus caminos sean las rutas (peligrosas algunas) de Internet, y no el Languedoc…
Envío
Querría saludarlos a todos, decirles otra vez que son ustedes los dueños de las notas, porque el valor de sus comentarios no se compara con mi simple “abrir fuego”.
Les dejo de regalo el mejor soneto del mundo, según juzgan gravemente los estudiosos; es del muchas veces nombrado Francisco de Quevedo, y seguro que alguno de ustedes tiene algo para reflexionar sobre el poema:
Amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrerasombra que me llevare el blanco día,y podrá desatar esta alma míahora a su afán ansioso lisonjera;
mas no desotra parte en la riberadejará la memoria en donde ardía:nadar sabe mi llama la agua fríay perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,venas que humor a tanto fuego han dado,medulas que han gloriosamente ardido:
su cuerpo dejarán, no su cuidado;serán ceniza, mas tendrá sentido;polvo serán, mas polvo enamorado.
Ah, y el estudio de nuestra fantasma -Margarita Nelken- rescata a cientos de mujeres literatas, y llega hasta el siglo XIX (¡si no fuera porque tengo tan limitados espacio y tiempo les contaría más!).
Abrazos sin tiempo y sin espacio.
Mora Torres
FUENTE: http://www.monografias.com/blog/2008/07/10/la-escritora-fantasma/


1 comentario:
Maravilloso escrito, lleno de nostalgias por los viejos amigos atemporales y universales. Amados dueños de las palabras engarzadas en prosa o en verso. Ilustres señores y señoras del buen decir.
Dándose cita en un librero, un armario o en el corazón.
Robert, un abrazo también para tí por tu noble labor. Felicidades abogado!
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